Con una trayectoria marcada por la capacidad de adaptación y una nueva mirada sobre el sector, Xavier González Valls se ha consolidado como una de las voces jóvenes con criterio propio dentro del mercado inmobiliario de la Cataluña central. Formado en el ámbito tecnológico y digital, su carrera dio un giro decisivo durante la pandemia, cuando asumió el reto de ponerse al frente de Área de Servicios González Valls (ASGV) en un momento clave para la empresa familiar.
Lejos de limitarse a continuar un legado, González Valls ha impulsado un modelo de negocio que combina rigor, conocimiento técnico y una clara apuesta por las personas. Los valores de la estabilidad laboral, la flexibilidad y el bienestar de los equipos forman parte de su ADN profesional, una visión construida también a partir de la experiencia previa en entornos empresariales altamente exigentes. Para él, un equipo cuidado e informado es la base de un servicio de calidad y una relación de confianza con clientes compradores y vendedores.
Con una amplia experiencia en la gestión de activos bancarios y en el mercado retail, el CEO de ASGV analiza el presente del sector con realismo y cierta preocupación, especialmente en lo que se refiere al acceso a la vivienda de los jóvenes y a la falta estructural de oferta. Asimismo, defiende la necesidad de innovar, de entender los cambios generacionales y de integrar la tecnología como herramienta estratégica para afrontar el futuro de un sector en constante transformación
¿Cómo empezó tu trayectoria en el sector inmobiliario y qué te llevó a fundar ASGV?
Todo empezó en el inicio de la época de la COVID. Me quedé sin trabajo en la start-up donde trabajaba, ya que nos quedamos sin ronda de inversión y, por tanto, sin presupuesto. No soy el fundador de la inmobiliaria; lo fue mi padre, pero la empresa atravesaba una situación delicada. La decisión fue romper con mi trayectoria profesional y asumir el reto de emprender con el negocio familiar. Digo emprender porque, en ese momento, ponerme a la cabeza fue todo un desafío.
¿Qué valores y principios definidos por ti buscas reflejar en la forma de trabajar de la agencia?
En ASGV siempre he defendido lo mismo: intento que el trabajo sea un pilar estable, flexible y que aporte felicidad a los trabajadores. En Barcelona viví situaciones de explotación de becarios dentro de empresas tecnológicas, cobrando 200 euros y realizando tareas de manager, con jornadas interminables. Por eso intento ser tan flexible como puedo, siempre teniendo claro que aquí venimos a trabajar.
¿Qué aprendizajes profesionales te marcaron más en los primeros años de ASGV?
Viniendo del sector tecnológico y digital, pasé a realizar ventas al principio. Para mí era un mundo nuevo, pero necesitaba entender lo que venía y cómo lo hacía antes de asumir la dirección y liderar la empresa.
¿Cómo describirías el modelo de servicio de ASGV en comparación con el de una inmobiliaria convencional?
En ASGV veníamos acostumbrados a trabajar con fondos de inversión y activos bancarios, no con el mercado retail. Esto te hace desarrollar competencias de servicio “en nombre de” terceros y no tan propias. El modelo actual integra ambas vertientes: ofrecemos tanto servicio retail como gestión de activos. Este es el principal punto que nos diferencia de una inmobiliaria convencional.
¿Cuáles son las fortalezas de ASGV a la hora de ayudar tanto a compradores como a vendedores?
El equipo que tenemos. Es el corazón de la empresa y es estupendo. Siempre intentamos dar el máximo de información, tanto a la hora de comprar como de vender, para que el cliente se sienta cubierto en todas sus dudas. Si a esto le sumas un equipo que viene a trabajar contento, se crea un extra que se refleja directamente en la relación con el cliente: se nota y fluye.
¿Qué le diferencia a la hora de gestionar activos inmobiliarios bancarios respecto a otros tipos de propiedades?
La burocracia documental que hay detrás de cada operación y servicio de despacho. Los activos bancarios conllevan semanas de trabajo documental, requieren más tiempo para las políticas de la Generalitat y son más estrictos en lo que se refiere al blanqueo de capitales. En Cataluña, comprar una vivienda de este tipo puede acarrear un mínimo de seis meses, mientras que una venta retail se puede cerrar en dos meses o menos ante notario.
¿Cómo ves la evolución del mercado inmobiliario en la Cataluña central y sus alrededores en los últimos años?
No para de encarecerse. En la zona de Anoia, ya se notó durante la COVID, como personas de la capital venían a comprar. Durante ese período, chalets o casas —acabadas o para terminar— con un determinado precio costaba vender. Actualmente, estos mismos activos se encuentran entre un 30% y un 40% más caros. Hablo de un nicho y de zonas concretas, no de todo el territorio, pero es una realidad.
Por lo que respecta a la Catalunya Central, la construcción se ha frenado mucho, aunque no significa que no se construya. Además, vivir en ciudades como Barcelona es cada vez más difícil, lo que hace que la población se desplace hacia el centro y contribuya al aumento de precios.
¿Qué factores crees que están determinados más el estado actual del mercado (tipo de interés, demanda, oferta, inflación…)?
Me estoy encontrando con que hay mucha demanda y poca oferta. Los precios son más caros y la inflación influye directamente en ellos. Hay una carencia muy importante para los jóvenes de 28 a 30 años: a pesar de tener experiencia laboral, si no existe ayuda familiar, es prácticamente imposible comprar, sobre todo por la entrada inicial. Y, al final, la banca espera detrás para vincularte a una hipoteca durante muchos años. Es un caldo de cultivo que apenas comienza y no me hace sentir cómodo.
¿Están cambiando los perfiles de comprador y vendedor respecto a hace 5 o 10 años? ¿Cómo se adapta ASGV a estos cambios?
ASGV se encuentra en Igualada, y hablamos de un mercado diferente al de Barcelona. El perfil de comprador ha sido bastante estable: a partir de los 30-35 años. Con las condiciones actuales, cada vez el comprador es de mayor edad, y no veo que este paradigma cambie a corto plazo.
¿Cómo integra la tecnología, datos o digitalización en su proceso de trabajo actual?
Por suerte, como me dedicaba a ello, he tenido facilidad para comunicarme directamente con empresas tecnológicas y explicar qué necesitaba y qué no podía hacer solo. Esto me ha permitido innovar cuando he querido, sin grandes dificultades.
¿Cuáles son las preguntas que más habitualmente le plantean los clientes cuando se plantean comprar o vender?
A la hora de comprar, gracias a Internet, redes sociales y YouTube, el comprador está mucho más informado que antes. Las preguntas suelen girar en torno al precio por metro cuadrado, si es necesaria reforma y cómo esto afecta a la rentabilidad o al valor futuro.
A la hora de vender, el vendedor busca el mayor precio posible. A menudo viene de la época de la burbuja inmobiliaria, cuando se compró muy por encima de precio. Aquí hace falta mucha pedagogía, trabajar bien la información y preservar la tranquilidad del vendedor.
¿Qué te aporta formar parte de la AIC?
Me aporta servicios y herramientas muy útiles en momentos concretos, especialmente para consultas específicas o casos que no se dan en el día a día. Además, han realizado una transición digital muy positiva: las herramientas digitales que ofrecen tienen un gran valor.
¿Tenéis planes de expansión, nuevos servicios o colaboraciones que podáis avanzar?
Siempre existen objetivos anuales e ideas que van surgiendo y que intento poner en práctica. práctica.
¿Qué consejo le darías a un joven profesional que quiere entrar en el sector inmobiliario hoy?
Que analice las tendencias y las nuevas formas de vender. Es un sector en constante cambio. La juventud aporta ideas y metodologías nuevas, fruto del contexto en el que ha crecido. No es lo mismo haber vivido la adolescencia en los años noventa que en 2000 o 2010. Cada generación ha crecido de una manera diferente y aporta una metodología o forma de ver las cosas diferente a las otras generaciones.