Javier López «La tecnología no sustituye lo esencial: la humanidad. En un sector tan sensible como el inmobiliario, la proximidad, la confianza y el trato personal siguen siendo irremplazables»

Javier representa la evolución natural del agente inmobiliario que combina legado, profesionalidad y visión de futuro. Formado desde niño junto a su padre, creció con valores que aún definen su manera de trabajar: honestidad, servicio y un profundo respeto por las personas. Con el tiempo, supo transformar aquella experiencia familiar en un proyecto empresarial sólido, profesionalizado y orientado a procesos.

Hoy, lidera Hiperfincas con una mirada estratégica: construir confianza, aportar valor real y crear una comunidad donde el cliente no es solo usuario, sino aliado. Su visión de futuro apuesta por la cooperación entre agencias, la innovación tecnológica y un modelo que combine eficiencia, ética y cercanía humana. Esta entrevista nos acerca a su trayectoria, su forma de entender el sector y el propósito que guía cada decisión que toma.

¿Cómo fueron tus inicios en el sector inmobiliario?                      

Mis inicios en el sector inmobiliario se remontan a mi infancia. Desde muy joven, alrededor de los 12-14 años, acompañaba a mi padre en su día a día y aprendía de forma práctica cómo funcionaba este mundo. Él siempre me animó a participar activamente para entender el negocio desde dentro, y ese aprendizaje temprano marcó mi vocación, situándome como segunda generación en el sector.

En 2009, cuando mi padre enfermó y además atravesamos una fuerte crisis económica, tomé la decisión de traspasar mis tiendas de tecnología para asumir la gestión del negocio familiar. Sentí que era el momento de dar un paso endavant per preservar i enfortir la marca Hiperfinca. Aquell canvi professional em va permetre reorientar l’empresa i consolidar-la al mercat durant els 14-15 anys següents.

¿Qué momentos o decisiones han sido importantes y han definido quién eres como agente?                                                        

Uno de los momentos clave en mi trayectoria fue asumir el control del negocio en plena crisis. Aquello me obligó a redefinir mi rol como gerente, separándolo del día a día operativo y entendiendo que, para crecer, necesitaba centrarme en la estrategia. Aposté por profesionalizar la gestión, crear procesos claros y establecer sistemas que permitieran estabilizar y escalar la organización.

Otro punto decisivo llegó a partir de 2017, cuando nos integramos en la red “Comprar Casa” y empezamos a estudiar modelos internacionales de firmas como Century 21, Keller Williams o Engel & Völkers. La incorporación de estas metodologías, muchas de ellas inspiradas en el mercado americano, supuso 2-3 años de transformación interna y abrió nuevas vías de crecimiento, incluida una proyección internacional que ha marcado mi forma de entender el sector y mi evolución como agente.

⁠¿Cuál es la visión y la misión actual de la empresa, y en qué ha cambiado respecto a sus inicios?                                                     

Nuestra misión no ha cambiado: siempre hemos tenido claro que queremos ofrecer un servicio de calidad a cualquier persona, sin centrarnos únicamente en clientes con grandes capitales. La orientación al servicio ha sido y sigue siendo el núcleo de nuestro trabajo.

Lo que sí ha evolucionado es la visión. En los inicios, el enfoque era principalmente local, muy centrado en Cornellà y su entorno más inmediato. Con el tiempo, esa mirada se ha ampliado. Ahora buscamos un impacto mayor, con una presencia más amplia y una proyección que va más allá del ámbito local. Este cambio refleja nuestro crecimiento y la voluntad de aportar valor en un territorio más extenso.

¿Cómo es la cultura de trabajo en Hiperfincas? ¿Qué valores son fundamentales para tí y para el equipo?                                                

En Hiperfincas tenemos muy claro que la familia es un valor irrenunciable. Siempre hemos priorizado crear una cultura de equipo sólida, basada en el respeto y en las relaciones a largo plazo. De hecho, hemos llegado a prescindir de buenos profesionales cuando vimos que no encajaban con esta manera de entender el trabajo. Para nosotros, el equipo y los clientes forman parte de una misma “familia”, y ese sentido de pertenencia guía todas nuestras decisiones.

Otro valor fundamental es la honestidad. Preferimos no trabajar con clientes que tienen intenciones de perjudicar a terceros. Defendemos la transparencia, la ética y el uso responsable del conocimiento. Creemos en construir relaciones duraderas basadas en la confianza, y eso solo es posible cuando actuamos con coherencia y ponemos la integridad por delante de cualquier operación.

Ofrecéis muchos servicios: inmobiliario, jurídicos, administración de fincas, hipotecas, seguros, herencias… ¿Cómo los integráis y qué sinergia hay entre ellos?

⁠La clave está en centrarnos siempre en las necesidades reales del cliente. Ofrecemos servicios inmobiliarios, jurídicos, administración de fincas, hipotecas, seguros y herencias, pero no como un catálogo cerrado, sino como un conjunto de soluciones que se articulan según cada caso. Antes de proponer cualquier acción, dedicamos tiempo a diagnosticar bien la situación: puede tratarse de una venta, una dación en pago, una negociación familiar o incluso un litigio. A partir de ahí, integramos los servicios que realmente aportan valor.

Además, damos cobertura a comunidades y a propietarios que necesitan una gestión más completa, ajustándose a las particularidades de cada patrimonio. Buscamos siempre coherencia y continuidad en la relación, de manera que el cliente sienta que tiene un acompañamiento global, sin saltos ni contradicciones. Esa visión integral es lo que genera sinergias reales entre todos nuestros servicios.

¿Qué quiere decir cuando decís “garantizamos la máxima satisfacción para todas las partes”? ¿Cómo lo mides?⁠

Para mí, garantizar la máxima satisfacción significa perseguir siempre la excelencia y trabajar para que cada parte implicada —clientes, equipo y terceros afectados— salga del proceso con la sensación de haber sido tratada de forma justa y profesional. Una de las maneras de medirlo es a través de las reseñas que solicitamos al finalizar cada operación. Somos conscientes de que, en ocasiones, puede haber fallos derivados de la adaptación de nuevos asesores, y cuando sucede, asumimos la responsabilidad que corresponde.

También distinguimos muy bien las reseñas negativas que provienen de situaciones en las que decidimos no aceptar clientes que no encajaban con nuestros valores. Tenemos criterios muy firmes sobre el tipo de cliente con el que trabajamos: no colaboramos con personas que actúen con engaño, mala fe o intención de perjudicar a terceros. Puede ser una decisión impopular, pero para nosotros es irrenunciable. Siempre priorizamos no hacer daño adrede y buscar soluciones conciliadoras que aporten valor a todas las partes.

⁠¿Cómo gestionas el equilibrio entre las expectativas del propietario y las del comprador o el inquilino?

Para mí, la clave está en la transparencia. Siempre empiezo explicando con claridad cuál es la situación real del mercado y cuál es el marco regulatorio que afecta a cada operación. Muchas veces existe una demonización tanto del propietario como del inquilino, i jo intento romper con estos prejuicios mostrando los pros y los contras de cada parte. Cuando todas las partes entienden el contexto, es más fàcil harmonizar posiciones.

También considero esencial educar al cliente. Mi objetivo es que tanto propietarios como compradores o inquilinos tomen decisiones informadas, conscientes de su realidad y del entorno. Esto reduce muchos conflictos que nacen de percepciones erróneas o de “facturas políticas” que acaban distorsionando la relación. Cuando cada persona entiende bien desde dónde parte y qué puede esperar, el equilibrio llega de manera mucho más natural.

En un mercado inmobiliario tan competitivo como el actual, ¿cuáles son las principales amenazas y qué oportunidades ves?

⁠Para mí, la amenaza más importante es el intrusismo. La entrada de personas sin formación ni estructura profesional provoca competencia desleal, distorsiona los precios, fomenta malas prácticas y deteriora la confianza del cliente. Además, quienes cumplimos con todas las obligaciones empresariales asumimos costos que reducen nuestros márgenes, lo que hace aún más evidente esta desigualdad en el sector.

Sin embargo, esta misma amenaza genera una oportunidad clara. En un entorno tan incierto, los clientes cada vez buscan más seguridad, fiabilidad y profesionales que les inspiren confianza. Esto favorece a las empresas que trabajamos con procesos sólidos, ética y un nivel alto de especialización. La diferenciación por calidad se convierte en la mejor respuesta, y es justamente ahí donde tenemos margen para destacar y consolidarnos.

¿Cómo ha influido la tecnología en tu forma de trabajar?             

La tecnología ha tenido un impacto decisivo en mi manera de trabajar. Hoy en día considero indispensables herramientas como la inteligencia artificial, los CRM o los ERP. Quien no adopta estas soluciones acaba quedándose entre uno y tres pasos por detrás. Aunque colaboro con otras agencias, sé que sin una base tecnológica sólida es imposible competir en igualdad de condiciones.

En entornos locales el cambio puede parecer más gradual, pero a largo plazo marca una diferencia enorme. Aun así, tengo muy claro que la tecnología no sustituye lo esencial: la humanidad. En un sector tan sensible como el inmobiliario, la proximidad, la confianza y el trato personal siguen siendo irremplazables. La tecnología me ayuda a ser más eficiente, pero la conexión humana es la que realmente construye relaciones duraderas.

⁠¿Cómo valora la evolución del precio de las viviendas, la oferta y la demanda, especialmente en Cataluña y el área de Barcelona?

Para mí, el mercado inmobiliario tiene una naturaleza claramente cíclica. Siempre vemos fases en las que los precios son altos pero la demanda baja, momentos en los que los precios bajan y la demanda se dispara, y etapas en las que la falta de producto provoca que la gente compre incluso con precios elevados. Estos ciclos se observan tanto en Cataluña y el área de Barcelona como a nivel global.

Ante esta realidad, mi estrategia consiste en adaptarme a cada fase del ciclo. Me preparo para las bajadas y aprovecho las subidas, ajustando mis decisiones y las recomendaciones que hago a los clientes según el momento en que nos encontramos. Entender el ciclo no solo permite anticiparse, sino también guiar al cliente de forma más segura y realista

¿Cómo se organiza el equipo? ¿Qué estructura de liderazgo tienes?

Como gerente, mi función principal es velar por los procesos, los sistemas y el cumplimiento de nuestra forma de trabajar. Mi liderazgo está muy orientado a que todo esté alineado y a que el cliente sea siempre el eje de cualquier decisión. Cada departamento tiene autonomía, pero todos siguen una misma dirección marcada: ofrecer un servicio coherente, ordenado y centrado en las personas.

Además, trabajamos con un enfoque totalmente omnicanal. Organizamos herramientas, conocimientos y procedimientos para que la atención al cliente sea fluida en todas las áreas: comercial, jurídica, administración de fincas, hipotecas o seguros. La estructura del equipo está diseñada para que la experiencia del usuario sea consistente, independientemente del punto de entrada o del servicio que necesite.

¿Cuáles han sido los mayores obstáculos recientemente?

Uno de los retos más grandes fue la aceleración tecnológica forzada durante la pandemia. En apenas seis meses tuvimos que implementar transformaciones que, en condiciones normales, nos habrían llevado años. Adaptarnos a ese ritmo fue exigente, pero necesario para seguir operando con solvencia.

Otro obstáculo importante ha sido la inestabilidad regulatoria. Los cambios legales constantes generan incertidumbre y obligan a reajustar procesos y decisiones de manera continua. En cuanto a la financiación, hoy la situación es relativamente estable, pero soy consciente de que, siguiendo la lógica de los ciclos económicos, podrían aparecer tensiones en el medio plazo. Por eso intento anticiparme y preparar al equipo y a los clientes para posibles escenarios.

¿Cómo te preparas para las fluctuaciones del mercado inmobiliario? ¿Qué escenarios consideras realistas?

Mi preparación siempre parte de entender en qué fase del ciclo estamos. Según el contexto, asesoro a los clientes de forma táctica: si vender ahora puede evitar pérdidas futuras, lo recomiendo; si es mejor esperar, también lo indico con transparencia. En mis propias decisiones de compra, evito adquirir en fases claramente bajistas para no inmovilizar activos en momentos poco favorables.

Además, aplico una gestión muy prudente del riesgo. En periodos inciertos reduzco exposición, ajusto el ritmo de las decisiones y reviso procesos para adaptarlos al entorno. Creo que la clave está en moverse con la velocidad adecuada al ciclo, sin precipitarse pero tampoco quedándose atrás.

¿Qué consejo le darías a alguien que comienza ahora en el sector inmobiliario?

Lo primero que diría es que este sector exige resiliencia. Los inicios no son fáciles: hay que trabajar duro, “picar piedra” y entender que los resultados sostenibles llegan a medio plazo, sobre todo cuando empiezan a aparecer los clientes referidos. También es esencial mantenerse actualizado, no solo en tecnología, sino en psicología, comunicación y empatía. Este es un negocio de personas, y saber tratarlas marca la diferencia.

Además, creo firmemente en la mejora continua. Para tener éxito hace falta aprender cada día, integrar conocimientos de diferentes disciplinas y poner siempre al cliente en el centro. La excelencia en la atención no es un objetivo puntual, sino una forma de trabajar. Si alguien empieza con esta mentalidad, tiene mucho camino ganado.

¿Qué piensas sobre el proyecto AIC?

Para mí, el proyecto AIC es indispensable. Creo profundamente en la cooperación entre agencias, siempre que compartamos los mismos valores: honestidad, transparencia y claridad. Cuando todas las partes trabajan con estándares comunes, la confianza aumenta y la eficiencia en un entorno multioficina se multiplica. Al final, colaborar no solo nos hace más fuertes, sino que mejora la calidad del servicio que ofrecemos al cliente.

También valoro mucho cómo la red ayuda a gestionar las asimetrías de producto y los efectos de los ciclos inmobiliarios. Es cierto que algunas agencias pueden aportar más inventario en ciertos momentos, pero los ciclos nos afectan a todos por igual. Contar con una red sólida permite capear mejor las fluctuaciones y mantener estabilidad incluso en mercados cambiantes.

⁠¿Dónde ves Hiperfincas dentro de 5 o 10 años?

¿Dónde veo Hiperfincas dentro de 5 o 10 años? Visualizo a Hiperfincas creciendo, pero no solo en volumen, sino en comunidad. Me gustaría crear un model en què cada client formi part d’un ecosistema viu, on no només rep un bon servei, sinó que també pot referir-nos i obtenir un beneficio real per fer-ho. Aspiro a construir una red de confianza donde todos ganemos: empresa, clientes y entorno. Creo profundamente en el impacto social y en el bien común, y quiero que Hiperfincas sea un agente positivo en este sentido.

A largo plazo, mi objetivo es desarrollar una estructura totalmente escalable, centrada en les persones i en la societat. Imagino un ecosistema que potencie la cooperación, la confiança y el valor compartido. Un espacio donde la profesionalidad y la ètica sean la base, y donde la tecnologia i el factor humà treballin conjuntament per multiplicar oportunitats.